El mapa del desempleo en Santa Fe: crece el trabajo en negro y cae el empleo asalariado

El mapa del desempleo en Santa Fe: crece el trabajo en negro y cae el empleo asalariado

La cantidad de personas desocupadas pasó de 13.000 a 21.000 en el Gran Santa Fe y de 55.000 a 83.000 en el Gran Rosario, según los últimos datos del INDEC analizados por la Usina de Datos de la UNR.

Los últimos datos del mercado laboral muestran un marcado deterioro de la situación ocupacional en los principales aglomerados urbanos de la provincia de Santa Fe. Un análisis de la Usina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) advierte sobre el fuerte crecimiento del desempleo, acompañado por una caída del empleo asalariado y un avance de formas de trabajo más precarias.

Paula Duran, coordinadora de la Usina de Datos de la UNR, explicó que la tasa de desempleo representa solamente la parte más visible de la tensión que atraviesa el mercado laboral. Para ser considerada desocupada, una persona debe no haber trabajado siquiera una hora durante la semana de referencia y, además, haber buscado activamente empleo.

En el Gran Santa Fe, la estimación oficial muestra que la cantidad de personas desocupadas pasó de unas 13.000 en 2025 a 21.000 en el último relevamiento. En el Gran Rosario, en tanto, el número creció de aproximadamente 55.000 a 83.000. En términos de tasa, el desempleo pasó de 7,7% a 11,5%.

Duran señaló que el incremento se produce mientras también aumenta la cantidad de personas que participan activamente del mercado laboral. Es decir, hay más personas buscando trabajo al mismo tiempo que disminuyen las oportunidades disponibles. “Las personas que quieren trabajar aumentan, las oportunidades laborales disminuyen, entonces ahí está la oferta laboral y la demanda baja”, explicó.

La investigadora remarcó que el problema no se limita a quienes directamente no consiguen empleo. Al analizar qué tipo de ocupaciones están creciendo, la principal expansión aparece en el cuentapropismo, mientras que el empleo asalariado registra una caída.

Según Duran, esta transformación tiene consecuencias sobre los ingresos y las condiciones laborales. “El empleo que más ha crecido es el por cuenta propia”, sostuvo, y vinculó esa expansión con modalidades como los trabajos de plataformas y distintas formas de autoempleo.

A esto se suma el peso de la informalidad. De acuerdo con el análisis de la Usina de Datos, cerca del 40% del empleo presenta condiciones informales, tanto por el crecimiento del cuentapropismo como por el trabajo asalariado no registrado.

La consecuencia es una mayor vulnerabilidad para una parte importante de la población ocupada. “Es una inserción más precaria, más vulnerable, más inestable”, describió Duran, al señalar que quienes trabajan bajo estas condiciones no cuentan con las protecciones asociadas al empleo registrado.

La situación laboral también tiene impacto sobre los ingresos de los hogares y, en consecuencia, sobre los niveles de pobreza. Duran sostuvo que el deterioro del poder adquisitivo frente al costo de las necesidades básicas constituye uno de los factores que explican el agravamiento del cuadro social.

La coordinadora de la Usina de Datos también planteó reparos sobre la metodología utilizada para medir oficialmente la pobreza. Según explicó, el indicador está vinculado al índice de precios al consumidor y, a su criterio, existen problemas derivados de la actualización de ese índice. Aun con esas observaciones, señaló que la pobreza también mostró un aumento respecto del año anterior.

Para Duran, la combinación entre caída del empleo, menor poder adquisitivo e informalidad configura un escenario particularmente complejo. “El empleo no es suficiente para generar un ingreso que te permita garantizar estas condiciones materiales mínimas”, afirmó.

El deterioro resulta especialmente significativo en una región como Santa Fe con un peso histórico de la industria y el comercio. La caída de la actividad económica termina repercutiendo sobre el mercado laboral y, cuando las dificultades se prolongan, las empresas comienzan a reducir sus plantas o directamente a cerrar.

En ese contexto, Duran advirtió sobre la pérdida de puestos de trabajo más estables y el crecimiento de lo que definió como “empleos refugio”: changas, trabajos de reparto y actividades realizadas mediante plataformas. Son alternativas que permiten generar algún ingreso, pero que presentan condiciones laborales más inestables.

“Ante la pérdida de este tipo de trabajo que llamamos más formal, más genuino, las oportunidades que surgen son muy pocas”, sostuvo la especialista. Y señaló que esas nuevas ocupaciones suelen estar asociadas a bajos ingresos y mayores niveles de riesgo.

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